En el restaurante Muñagorri nos encanta conjugar estos verbos porque, a nuestro entender, son la base de la felicidad. Quizá suene un poco exagerado, pero sabemos que comer y beber bien es también una forma de disfrutar de la vida. Y hoy queremos centrarnos en un amigo fiel que, con todas sus variedades, siempre encuentra la manera de ensamblar a la perfección con la comida. Hablamos de los vinos, tan distintos entre sí pero tan buenos, al fin y al cabo.

En nuestro gastrobar contamos con una amplia carta de vinos que recoge referencias de las principales D.O. del país, además de algunas extranjeras. Cada año visitamos nuevas bodegas donde vemos de primera mano la forma de elaboración de sus vinos y realizamos sus correspondientes catas. Así, elaboramos una carta pensando, por un lado, en la demanda de nuestros clientes y, por otro, en incorporar vinos más contemporáneos de calidad que encajen a la perfección con nuestra cocina vasco navarra.

Por ejemplo, la sardina ahumada, piquillos confitados y aceite de albahaca es una elección estupenda para acompañar con Raíz de Guzmán Rosado 2016, un tempranillo 100% de Bodegas Páramo de Guzmán, situada en Burgos, en la D.O. Ribera del Duero. O las rabas de pulpito gallego, que resulta una excepcional armonía con Fusco, un monovarietal de Mencía de las Bodegas Albamar, que pertenecen a D.O. Ribera Sacra, en la provincia de Orense. Si hablamos de carne, pongamos por caso un solomillo de vaca a la mantequilla con cebollas francesas, resulta armónico degustarlo con Dido, elaborado con uva garnacha, merlot, syrah y Sauvignon. Este vino pertenece a las Bodegas Venus La Universal, que se encuentran en Montsant (Tarragona). Otro de nuestros clásicos, las patatas al mortero con mollejas de ternera, foie y jugo de pichón las recomendamos con un Capellanía, de Bodegas Marqués de Murrieta, situadas en La Rioja; un viura 100% con quince meses de crianza en barrica de roble francés nuevo.

Todos ellos conforman, en definitiva, un amplio abanico de vinos de gran calidad con los que nos gusta sorprender a nuestros comensales, ya sea porque quieren disfrutar de algunas raciones para compartir en nuestra barra creativa de una manera más informal o compartir mesa en el salón interior, donde las sobremesas se alargan sin que apenas uno se dé cuenta.